Partido de bolsillo contra OEA y elecciones

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Los extremos siempre se juntan. Es ley. Cuando ni siquiera pueden congregar a una estimable cantidad de gente para protestar en Managua, contar con estructuras y bases en los 153 municipios de Nicaragua corresponde a una tarea de Mandrake el Mago. Por eso, al no poder hacerlo, los radicales de ayer y hoy vuelven a difamar las elecciones.

Pero no solo se sueltan contra el proceso comicial para escoger a alcaldes y concejales, sino contra los que con todo su derecho participarán, tanto los que son partidos legítimos como los que se organizan palmo a palmo en el país para obtener sus personerías jurídicas.

Las injurias y otras ofensas, sin embargo, no paran en el territorio nacional. Denigran hasta a la Organización de Estados Americanos porque no les hace caso a sus amargas diatribas, a sus declaraciones hiperbólicas y a la cantidad de comunicados que no expresan más que alergia al escrutinio del pueblo.

Si ni siquiera participaron en las elecciones primarias promovidas por “Hagamos Democracia” en 2016 y tampoco se sabe quién los “eligió” para que sean la cúpula de una microfracción, ¿con qué autoridad hablan de democracia?

Carente de representatividad, el grupo que se autonombra “verdadera oposición”, formula demandas como si se tratara de una inmensa fuerza política capaz de mover al país al son de su batuta. Pero nunca estrenó una plaza atiborrada de correligionarios. Son personas que ni siquiera han probado en las calles el concepto de liderazgo que se atribuyen, porque ninguna colectividad los reclama como parte suya. Son apenas un partido de bolsillo. Y ya decir partido es mucho.

Si movilizaran el 10% de lo que el conservador Fernando Agüero era capaz de conducir en los años 60, quizás a quienes usurpan el nombre del pueblo de Nicaragua se les podría considerar medianamente “líderes”.

Al respecto, hay una verdad que dijo el exministro Pedro Joaquín Chamorro Barrios y que pinta a los usuarios de la intransigencia como lo que son: “La Ley Electoral está pensada para que los partidos tengan presencia a nivel nacional, no solamente en la capital, en los micrófonos de una radio, o ante las cámaras de un noticiero televisivo”. Este grupo llama a “movilizaciones que no se han visto y no se verán”.

Si queremos un retrato hablado de la oposición derechista, en la foto que tomó el político conservador Noel Vidaurre, el primer plano lo ocupa la miseria humana: “En el actual contexto político existen más ambiciones personales, egoísmo y envidia entre los políticos denominados opositores” (“La Prensa”).

Derecha antidemocrática

La próxima jornada electoral es el tiempo propicio para demostrar de qué material está hecha la extrema derecha: si de papel periódico o de realidad.

Obviamente, sus representantes no quieren correr el riesgo de quedar expuestos, es decir, ratificar lo que las encuestas y las urnas han exhibido desde hace algunos años.

Los actuales acuerdos entre Nicaragua y la Organización de Estados Americanos expresan que el Estado continuará fortaleciendo la institucionalidad electoral de acuerdo a los estándares regionales y buenas prácticas; elecciones incluyentes, limpias y competitivas…”.

A esto se une la misión de observación del organismo hemisférico que tendrá acceso a todo el aparato electivo, como el padrón, la base de datos y otros componentes que vertebran la calidad o no de los sufragios. Ninguna obra humana es perfecta y siempre amerita los ajustes correspondientes, razón por la cual se suscribieron los protocolos de entendimiento.

De modo que la misión de la OEA debería tomar en consideración el grave déficit de democracia que presentan los grupos de extrema derecha, y que lesionan el desarrollo del sistema incluyente en Nicaragua.

Bajo la apariencia de ser demócratas, atacan de vendidos a los que comprenden que el voto y nada más, es el instrumento mediante el cual el soberano escoge a sus gobernantes, sean nacionales o municipales.

En su lógica, satanizar al árbitro electoral con todos los decibeles de la infamia tiene como objetivo fabricar un “bypass” para obtener el poder sin mover un dedo. Tal núcleo radical quiere interrumpir abruptamente el orden establecido por la Constitución, que subraya en su Artículo 2 “El poder soberano lo ejerce el pueblo por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto, sin que ninguna otra persona otra reunión de personas pueda arrogarse esta representación”.

Ni la terrible guerra ni la economía devastada impidieron o anularon los sufragios. Precisamente los comicios son el camino para silenciar la voz del cañón y que no ruja más en Nicaragua, como ya quisieran algunos, ¡ah, claro!, pero bien instalados en el extranjero. De ahí que los más obstinados rechazan los mecanismos establecidos por la Ley, para invocar fuerzas foráneas con el perverso pretexto de “sacar al país de la crisis política”.

Pero la tal “crisis” es la misma de ellos, al no contar con el apoyo real de la ciudadanía, porque no inspiran confianza y están muy lejos de generar credibilidad. Sin estos indispensables activos que constituyen el alma de cualquier cuerpo político no hay multitudes, sin multitudes no hay votos, y sin votos nadie llega al poder.  Sin nada de eso, solo queda un cuerpo sin alma.